En el Valle del Guadiaro las pendientes se suavizan y, desde los
800 m, aparecen los viejos campos de labor secano, hoy forrajeras o pastizal, entre los cortijos de sierra que, muy numerosos, dan lugar a una dispersión intercalar, con algunos diseminados de cierta importancia como el de Siete Pilas, Las Canchas y Las Vegas.
Estos campos de cereal fueron el complemento alimentario para el otro lado de la Sierra, estableciéndose un denso tráfico de granos y frutos a lomos de las recuas de los arrieros.
La actividad ganadera, sobre todo la montanera del cerdo, era y es muy importante por cuanto numerosos bosquetes de encinas y quejigos reverdecen entre los ager: he aquí una presencia del agroecosistema de la dehesa en estas tierras.
Las surgencias de agua dieron lugar igualmente a una organización de espacios regados, fundamentalmente maíz, que se regulaban mediante un Alcalde del Agua. En las orillas del Guadiaro numerosas huertas ofrecían la producción de manzanas y ciruelos, aunque hoy día apenas quedan restos de esta arboleda.
La cubierta vegetal está formada principalmente por encinares, alcornocales, quejigales, castañares y comunidades de riberas, así como extensas zonas de matorral y pastizales.
En lo que respecta a la fauna, hay que destacar la presencia del corzo, zorro, gato montés, meloncillo, así como un importante grupo de rapaces.
En la confluencia de los términos de Cortes de la Frontera, Benarrabá y Benalauría se encuentra el Cañón de Las Buitreras.
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