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Paisaje

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Ayuntamiento de Benalauría

Paisaje

pueblo1El pueblo se aparta de la carretera principal para adentrarse en el valle del Genal, quedando prácticamente oculto a los ojos del viajero. Extiende sus tierras desde el Valle del Genal al del Guadiaro. En su paisaje destaca la pequeña alineación montañosa formada por la Loma de la Sierra (1.137 m.) y el Peñón de Benadalid (1.116 m.), situado en el vecino municipio del mismo nombre. El blanco de la crestería caliza de estas sierras contrasta fuertemente con el paisaje verde de bosques de castaños, pinos y nogales que se extiende por los alrededores del pueblo mezclados con olivos.

El Genal, que es límite administrativo del municipio, presenta un recorrido a base de numerosos meandros junto a la vegetación de sus riberas que aportan al paisaje parajes de gran belleza. Más allá de la Loma de la Sierra, en el valle del Guadiaro, el paisaje presenta un relieve más suave ocupado por secano cerealista y pastizales entremezclados con bosquetes de alcornoques, que se extienden por el sur del municipio en la vertiente norte del Cerro del Panderón, dando lugar a espectaculares paisajes en los que río y ferrocarril se encajan en un estrecho valle.

La especial configuración litológica y la orientación propician la existencia de dos paisajes muy diferentes (CASTILLO RODRÍGUEZ, 2002):

1paisaje1.- Las laderas metamórficas, abarrancadas y redondeadas, dan lugar a una arboricultura muy variada que se distribuye según la orientación solana-umbría. En la solana, olivar y almendros; en los nortes, castaños, cerezos y ciruelos. Donde haya manantiales y en las cercanías de los arroyos, existen bancales en regadío de cítricos. Estos campos o ager se hallan intercalados, a modo de mosaicos, entre los restos del bosque autóctono (alcornoques, encinas y quejigos) o saltus, formando un bello conjunto con ricos cromatismos que abarcan casi toda la gama de los verdes. En las orillas del Genal se fundamenta una asociación molinería-huerto que jalona con una antigua dispersión humana ambas orillas, hecho común a todo el río, y ya desaparecida.

2.- En el Valle del Guadiaro las pendientes se suavizan y, desde los 800 m, 2paisajeaparecen los viejos campos de labor secano, hoy forrajeras o pastizal, entre los cortijos de sierra que, muy numerosos, dan lugar a una dispersión intercalar, con algunos diseminados de cierta importancia como el de Siete Pilas. Estos campos de cereal fueron el complemento alimentario para el otro lado de la Sierra, estableciéndose un denso tráfico de granos y frutos a lomos de las recuas de los arrieros. La actividad ganadera, sobre todo la montanera del cerdo, era y es muy importante por cuanto numerosos bosquetes de encinas y quejigos reverdecen entre los ager: he aquí una presencia del agroecosistema de la dehesa en estas tierras. Las surgencias de agua dieron lugar igualmente a una organización de espacios regados, fundamentalmente maíz, que se regulaban mediante un Alcalde del Agua. En las orillas del Guadiaro numerosas huertas ofrecían la producción de manzanas y ciruelos, aunque hoy día apenas quedan restos de esta arboleda.